Tras siete meses de aventura en Brasil, he aprendido mucho sobre lo que significa sumergirse en una nueva sociedad. Al igual que Estados Unidos, Brasil es una nación vasta y diversa con numerosas regiones culturales. Desde mis primeros días en la megalópolis de São Paulo hasta los campos de soja de Rondonópolis, los sitios históricos de Cuiabá y las animadas playas de Río de Janeiro, he disfrutado del proceso de exploración y he conocido a maravillosos desconocidos, muchos de los cuales ahora considero amigos. Resumamos mi viaje y reflexionemos sobre las lecciones clave que aprendí.
En São Paulo, me maravillé ante la ciudad más poblada de América. Sus imponentes rascacielos e interminables cuadras reflejan el crecimiento y la innovación de Brasil. Durante mi visita a los museos de São Paulo, disfruté del exquisito arte brasileño y aprendí sobre el apasionante deporte del fútbol. Los viajeros se sorprenderán al descubrir cuánto hay que ver en esta gigantesca ciudad, pero los brasileños entienden que es un motor económico para el país. En muchos sentidos, esta ciudad ofrecía una magnífica perspectiva de Brasil como destino cosmopolita, similar a visitar Nueva York en Estados Unidos.