Mi adventura épica en Brasil

Como viajero solo, paseé por la encantadora plaza principal, presidida por una gran iglesia, disfruté de las bandas en vivo del moderno barrio de restaurantes y compré en el bazar navideño del gremio de artesanos. Sin embargo, la experiencia más profunda fue visitar un monumento vacío enclavado entre las cuadras de la ciudad. Este monumento marcaba el centro de Sudamérica y fue mi principal motivo para viajar cuatro horas en autobús a Cuiabá. Tras haber estudiado Latinoamérica durante casi quince años, haber tomado innumerables clases de español, portugués y francés, y ser nieto y bisnieto de hombres que vivieron en Chile y Bolivia durante años, me sentí profundamente honrado por la oportunidad de estar en el centro del continente. Visitarlo representó mi compromiso con el aprendizaje permanente sobre esta rica región cultural.

En los últimos meses de mi viaje, me he establecido en Río de Janeiro, una ciudad vibrante enclavada entre gloriosas montañas, una selva verde y aguas deslumbrantes. Al llegar justo a tiempo para el Carnaval, he aprendido mucho sobre las tradiciones musicales de la samba y su conexión con los desfiles festivos. También he disfrutado asistiendo a presentaciones de bossa nova de mis amigos, otra tradición musical distintiva aquí en Brasil. En el Carnaval, aprendí más sobre la importancia de la influencia afrobrasileña e indígena en la cultura brasileña. Tengo muchas ganas de aprender más sobre la historia de Brasil y su rumbo a medida que avanza hacia mediados de este siglo como líder mundial.

En este viaje, he aprendido muchas lecciones sobre el hermoso desafío de vivir en el extranjero.

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