Mi padre es el capitán de uno, de la playa de Boa, y mi madre es la empresaria, la que cubre todos los papeles y todo eso. Ellos hicieron la empresa y tienen muchos marineros de fuera, extranjeros de Indonesia, de Senegal, de Marruecos, de Perú. Los barcos son de pesca y los marineros viven aquí cerca, tienen una casa como parte de su contrato.
La escuela empieza a las nueve y media, pero me despierto a las ocho. Entonces, tengo una hora y media para desayunar y vestirme. Vuelvo a casa a las cinco de la tarde.
Voy en autobús, tarda como veinte minutos.
Suelo almorzar en el colegio. El sushi es mi comida favorita, pero no lo preparan en la escuela. Voy al restaurante para pedirlo. De hecho, hay uno en Noia. Pero los más buenos están en Santiago de Compostela. Voy para ahí cada dos semanas.
En la escuela, hablamos castellano. Y a veces gallego. Algunos saludos: “bro”, “meu”, “que pasa meu?” Como meu amigo. Los chicos los dicen más. Si estuviera saludando a mi amiga, diría “hola” o “holi” como una persona normal. Los chicos son más raros.