Con ellas aprendí frases nuevas y fui a la iglesia, al trabajo, al gimnasio y también a bailar. Mi abuela anfitriona tenía una tienda de empanadas, y pasaba mucho tiempo con ella cocinando, bailando y compartiendo. Gracias a mi familia anfitriona, me sentí parte de la comunidad. Con ellos aprendí que lo más importante eran las relaciones con las personas y que mis amistades podían apoyarme en todo.
Durante el entrenamiento también hablamos mucho sobre la importancia de no “salvar” a la comunidad. Las comunidades son las que solicitan (request) un voluntario al Cuerpo de Paz, lo que significa que no llegamos como expertos con todas las respuestas. Para mí, no “salvar” a la comunidad significa no pensar que sabes más que las personas que viven allí. Mi rol era servir y apoyar, no cambiar todo. Un ejemplo claro fue que, durante mis primeros dos meses en la escuela, pasé el tiempo observando y escuchando. Observé las clases de otras maestras y hablé mucho con los estudiantes. Después, hablé con las maestras sobre lo que necesitaban y cómo yo podía apoyarles. No decidí sola qué hacer; tomé en cuenta sus opiniones y necesidades. Llegar con soluciones rápidas puede ser un problema porque muestra falta de respeto y porque una persona de afuera no entiende completamente la realidad de la comunidad.
Para los estudiantes que quieren ser ciudadanos globales en el futuro, creo que lo primero que deben aprender es ser curiosos. Ser curioso ayuda a conocer a otras personas, abrirse a nuevas experiencias y aprender de diferentes culturas. A veces, una simple conversación o una experiencia nueva puede cambiar tu vida.